Quizás
nadie entienda mejor el valor de la lealtad que aquella persona que ha sido
traicionada en algún momento... Está claro que todas las personas esperamos la
lealtad de los demás, y que a nadie le gusta ser traicionado, o saber que un
amigo habló mal de nosotros. En otro sentido, nos parece terrible cuando,
después de trabajar en un empresa muchos años, nos despiden sin pensar en todos
los años que le invertimos. Detectar la lealtad (o deslealtad) en los demás es
fácil, pero ¿Cómo estoy viviendo yo la lealtad? ¿Realmente sé qué es? ¿Qué
esperan los demás de mí?
La lealtad
implica un corresponder, una obligación que se tiene al haber obtenido algo
provechoso. Resulta un compromiso a defender lo que creemos y en quien creemos.
Por eso, el concepto de lealtad va de la mano con la verdad. Cuando alguien nos ha dado algo bueno, le
debemos mucho más que agradecimiento.
La lealtad
es un valor, pues quien es traidor, se queda solo. Necesitamos ser leales con
aquellos que nos han ayudado: ese amigo que nos defendió, esa persona que nos entrego su vida sin preguntar sin dudar. La lealtad implica defender a quien
nos ha ayudado, en otras palabras “sacar la cara”.
Si somos
leales, logramos llevar la amistad y cualquier otra relación a una etapa más
profunda, con madurez. Cualquiera puede tener un amigo superficial. Sin embargo, la lealtad implica un
compromiso mayor: supone estar con un amigo en las buenas y en las malas, es darle la mano al amor sin soltarlo aunque estemos al borde del abismo.
En este
sentido, la lealtad es una llave que nos permite tener un autentico éxito en
nuestras relaciones. Además no es un valor fácil de encontrar. Es, por supuesto,
más común aquella persona que al saber que puede obtener algo de nosotros se nos
acerque y cuando dejamos de serle útil nos abandona sin más. Es frecuente saber
que alguien frecuenta un grupo contrario porque le da más beneficios, luego,
esta persona no resulta confiable para nadie.
Existen
distintas actitudes desleales: Las críticas que se hacen las personas,
resaltando los defectos, lo limitado de sus cualidades. Hablar mal de las personas que dia a dia nos apoyan confiando en nosostros. Divulgar confidencias que se nos han hecho. Quejarnos de los problemas de nuestros amigos compañeros y no ayudarlo a superar el obstaculo. Dejar una amistad por razones
injustificadas sin pensar en el daño espiritual que se le hace al otro.
Como vemos,
la Lealtad se relaciona estrechamente con otro Valores como la Amistad, el Amor, el
Respeto, la responsabilidad y la honestidad entre otras
Sin
embargo, no es suficiente contradecir las actitudes desleales para ser leal, es
necesario detenernos a considerar algunas observaciones:
En toda
relación se adquiere un deber respecto a las personas. Como la confianza y el
respeto que debe haber entre padres e hijos, entre los hermanos, entre el grupo familiar, entre
los amigos, en la comunidad donde vivimos. Se deben buscar y conocer los valores permanentes para cualquier
situación, de otra forma se es "leal" mientras se comparten las mismas ideas. La
persona que convive en un ambiente de diversión malsana y excesos, pronto se
alejará y comenzará a hablar mal de aquellos que dejaron de participar de sus
actividades.
De esta
forma vemos como la Lealtad no es consecuencia de un sentimiento afectivo, sino
el resultado de una deliberación mental para elegir lo que es correcto. El
mentir para encubrir las faltas de un amigo (en la casa, el trabajo o la
escuela) no nos hace leales, sino cómplices.
A su vez,
si colocamos como valor fundamental el alcance de objetivos, podemos llegar a
perder el sentido de la cooperación.
Lo que debe
quedar claro es que lo importante es vivir los valores por lo que representan,
no por las personas que en algún momento dictan una norma. Todo trabajo se debe
hacer bien, no por “quedar bien con el jefe”, sino por nuestra integridad y
compromiso con nuestro trabajo y nuestra sociedad.
Con todo lo
anterior veremos que aún sin darnos cuenta, las relaciones que hemos sabido
mantener se deben en gran medida a la vivencia del valor de la Lealtad. No basta
conocer los valores, es necesario darlos a conocer y reforzarlos para lograr un
cambio de actitud, al hacerlo, logramos madurar la amistad y fortalecer el
afecto.
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